El bambú japonés y la manifestación del Ser

Raíz i confianza

Antoni Rocha López

La observación y autoobservación son un camino a transitar para la comprensión de nuestro aquí y ahora. Por esta razón observar al mundo que nos rodea es también observarnos a nosotros mismos. Cuando miramos, nos miramos.

Os invito ahora a mirar la planta del Bambú japonés porque nos puede ayudar a iluminar nuestros claro-oscuros irresueltos y darnos un poco de luz.

El bambú japonés es una planta singular tanto por sus cualidades como por su proceso de crecimiento.

De todos son conocidas algunas de las particularidades del bambú como son, por ejemplo, la flexibilidad y resistencia.

Pero no se conoce de igual manera su proceso de su crecimiento. Una vez la semilla del bambú ha sido plantada, durante los primeros meses no sucede nada apreciable. De hecho no apreciaremos nada durante los primeros siete años, pero si el desánimo no mella nuestra confianza, la recompensa estará servida. Será a partir del séptimo año cuando cese la aparente inactividad y en un periodo de sólo seis semanas la planta de bambú puede llegar crecer más de 30 metros.

No hay misterio en tal proceso: el bambú japonés durante estos siete años ha estado generando un complejo sistema de raíces que le permitirá sostener el crecimiento tan espectacular que se va a desarrollar.

El trabajo de raíz es arduo y silencioso y de la misma manera que en el bambú japonés requiere tiempo y constancia, también nosotros precisamos de un tiempo personal para la experiencia y el sentir, para el dolor y la alegría; un tiempo para dejarnos sentir y profundizar en el interior de cada uno, observando y cuidando las heridas, los obstáculos, consolidando los espacios interiores que sostendrán la confianza en el futuro y en nuestro presente.

Igual que le podría ocurrir a un jardinero inexperto con el bambú japonés, desistiendo en los cuidados y atenciones necesarios de los procesos de raíz, aquél que inicia su propio proceso personal de raíz podría no finalizarlo debido a las exigencias de una sociedad que tampoco ve, ni comprende, ni acepta fácilmente este tipo de procesos personales que necesitan de tiempos y silencios.

Nuestra sociedad exige cada vez más respuestas rápidas, soluciones inmediatas, éxitos y triunfos, alejándonos de la reflexión y del sentir profundo. Alejándonos en definitiva de nosotros mismos. Y en esa construcción superficial de uno mismo no hay raíz que sostenga estructura alguna por bella que esta sea.

En cualquier momento la inestable estructura mostrará sus debilidades. Sólo la dedicación necesaria a la raíz facilitará la confianza necesaria en uno mismo y en la vida. Será el trabajo de raíz el que permitirá la flexibilidad y la fortaleza, la belleza,

. Y en ese punto, raíz y confianza se fundirán en una misma cosa. No existirán diferencias.

Hablar de raíz será hablar de confianza, y sobre las bases de ese trabajo profundo aparecerá uno mismo con mirada limpia y serena forjando con las manos el presente: confiado, confiada.

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